Comentario a un soneto de Lorca

Joven Lorca 

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA.

Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura. 

I.- Tema y esquema del texto

El deseo de conocer la verdad que produce la insufrible incertidumbre del amor

Las ideas fundamentales del texto se resumirían de la siguiente manera:

Vivir es amar y sufrir

La paz sin amor es semejante a la muerte

Si trazamos un esquema fijándonos en la estructura formal (es un soneto: dos cuartetos y dos tercetos) el esquema quedaría así:

La espera del poeta es insoportable (1º cuarteto)

Lo que no tiene vida no sufre el amor (2º cuarteto)

Él amó apasionadamente: placer y sufrimiento (1º terceto)

Pide que le escriba para saber a qué atenerse (2º terceto)

La idea fundamental se señala en el título: quiere noticias de su amor, las necesita para poder vivir. 

II Resumen del texto

Lorca espera desesperadamente en estos versos noticias de su amor. Para dejar más clara su situación explica que él es un ser humano y, contrariamente a los seres inanimados, sufre y padece. Por ello vuelve a suplicar las palabras de su amado, para tener esperanzas o sucumbir a la desesperación.

III Comentario

El esquema que se ha seguido es el de introducción, comentario (lo que dice el poema y cómo lo dice), conclusión y valoración.

Lorca, como poeta del 27, ha sabido reunir como nadie las diferentes influencias que convergen en la llamada edad de plata de la poesía española: vanguardia y tradición, arte puro y populismo y, sobre todo, éxito de público y de crítica. Lo demuestra en este poema al expresar, mediante sus brillantísimas metáforas y sus llamativas paradojas, un sentimiento que cualquier mortal con ganas de vivir ha deseado en su corazón alguna vez. En su producción poética nos encontramos con algunos de los frutos más sabrosos y coloridos del surrealismo, con las imágenes oníricas, mágicas e incomprensibles a veces – aunque siempre sugerentes- que tanta fama han dado a nuestro autor granadino en España y fuera de ella.

Centrándonos en ese sentimiento que subyace en el soneto podríamos decir que nadie está libre de él, de esta “enfermedad”. Para Ortega y Gasset,  el amor era eso, una enfermedad de la atención, que lo que antes no había captado ahora la ocupaba toda, de forma que ya no dominábamos sobre ella y sólo el tiempo y la ignorancia de la amada harían que ese amor “desalojara”nuestra enferma atención, y poder así fijarnos en otras cosas, en el resto del mundo.

Es esta la petición que hace el poeta: quiere poder vivir enamorado o desenamorado y,  para ello, necesita saber de su amante qué puede esperar. Quizás constituya esto la base del juego amoroso: no saber a ciencia cierta lo que siente por nosotros el otro. Este juego se produce siempre en las fases previas del encuentro amoroso. Aquí parece, entonces, que su relación no es madura, que es el típico lance intenso, pasional pero exento de experiencia, de tiempo. Y digo típico porque aparecen en el poema una serie de tópicos ya clásicos en labios de otros poetas españoles que Lorca conoció y admiró: 

sentir es amar, cuando se deja de amar se deja de sentir: 

En el corazón tenía

La espina de una pasión, 

Logré arrancármela un día

Ya no siento el corazón

Antonio Machado

El ser humano es humano porque siente para bien o para mal:

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, 

Y más la piedra dura porque esa ya no siente

Rubén Darío

El poeta muestra, pues, que su relación ha sido tan intensa que su vida no será vida si no sabe nada de su amor, como la madre que, no sabiendo dónde se encuentra el hijo, desea conocer, para bien o para mal, cuál es su paradero y estado. Es este deseo de conocimiento el centro del poema y de toda relación: deshojar la margarita del “me quiere- no me quiere”.

En el poema destaca una serie de elementos antitéticos y paradójicos que reflejan con gran claridad cómo ese sentimiento es pasional, contraproducente e incomprensible: llama a su amor viva muerte; se transfigura, sin solución de continuidad, en tigre y paloma. Otra vez aparecen elementos que se han repetido a lo largo de la historia de la literatura (muerte que das vida, muero porque no muero). Hay un último guiño literario al final del poema, que hace referencia al título de unas de las obras más intensas de San Juan de la Cruz: Noche oscura del alma.

Se comprueba también en este poema cómo Lorca es capaz de aunar como genio del 27 el sentimiento y la tradición, la métrica clásica y las figuras más vanguardistas.

Para terminar podríamos pensar que la homosexualidad no declarada de Lorca se hace más patente, si cabe, en estos versos del amor oscuro. De ahí procedería su tragedia e intensidad. Ahora bien, el sentimiento que de él emana es universal: la necesidad irrenunciable de saber la verdad sobre el origen de nuestro amor, su fundamento y su sinceridad que queda reflejada magistralmente en las oscuras metáforas y paradojas que dan forma, cual si fuera el barro de la pasión, a este soneto.


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