Artículo de Juan Manuel de Prada en el Semanal XL

   Si alguno de mis estimados alumnos no ha encontrado el 5º elemento que le sirva para terminar el trabajo de Literatura Universal, aquí le dejo este artículo del que ahora abre con su frase nuestra página:

El monstruo de Amstetten

EL mito de la Gorgona, que petrificaba de horror a quienes osaban mirarla, se renueva en la historia del monstruo de Amstetten. Con una mezcla petrificante de estupor y espanto asistimos al paulatino esclarecimiento de las circunstancias del caso, cada cual más aberrante y oprobiosa; y lo hacemos con esa inconfesada fascinación hipnótica que produce la contemplación del Mal en estado químicamente puro. Hay, sin embargo, en nuestra actitud un ingrediente de hipocresía, porque intuimos que en los rasgos de ese Josef Fritzl contemplamos nuestro propio rostro, como la Gorgona contempló el suyo en aquel escudo que Atenea prestó a Perseo, tan pulido que actuaba como un espejo; y, para espantar esa sospecha, nos preguntamos, escandalizados, cómo puede ser posible tanta abominación y maldad. Pero sabemos bien que tanta abominación y maldad son perfectamente posibles; sabemos bien que Fritlz es uno de los nuestros, tal vez nosotros mismos. Puede que el espejo que nos devuelve nuestro propio rostro transformado en el rostro del monstruo de Amstetten no sea exactamente el escudo que Atenea prestó a Perseo, sino más bien un espejo deformante como los que sobresaltan al viandante en el callejón del Gato; pero en el reflejo que ese espejo deformante nos devuelve descubrimos rasgos familiares. Y es la contemplación de nuestra propia abominación y maldad lo que nos petrifica de horror.
Oh, sí, de acuerdo, nosotros no padecemos los trastornos psicopáticos del monstruo, nosotros no somos esas bestias saturnales capaces de transgredir el último tabú y de enterrar en vida a su propia estirpe. Pero el fango en el que chapoteamos es el mismo. Y ese fango se llama despersonalización, fruto del humanismo sin Dios que corrompe nuestra época. Hemos dejado de mirar al prójimo como algo sublime y misterioso que estimula en nosotros un respeto de naturaleza sagrada; ahora el prójimo es contemplado de forma utilitaria, como un ser que sólo consideramos en la medida en que puede servir a nuestro provecho, a nuestro interés, a nuestras apetencias. Nunca como en nuestra época se había execrado tanto la violencia: se lanzan proclamas pacifistas, se consagra el consenso como vía de entendimiento entre las naciones, se hacen llamamientos constantes a la solidaridad. Pero, a la vez que execramos pomposamente la violencia, vemos como la violencia ejercida contra el prójimo es cada vez mayor: infancia pisoteada por los más sórdidos instintos, mujeres sometidas a las más crueles sevicias, niños a quienes asesinamos en el vientre de su madre, allá donde la naturaleza quiso que estuvieran más protegidos. Hemos dejado de contemplar el rostro de Dios copiado en cada rostro humano; y, como nos enseña el salmista, si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. Cuando en el prójimo dejamos de descubrir una grandeza sagrada que lo torna valioso e insustituible, es natural que desaparezca en nosotros el anhelo de participar en esa grandeza; y entonces lo convertimos en un cuerpo extraño que se usa y se tira. En ese fango chapoteamos todos plácidamente; y nuestra placidez sólo se perturba cuando alguien como el monstruo de Amstetten nos salpica, por chapotear con demasiado ímpetu.
Pero, allá incluso donde el fango se espesa más, hasta adquirir densidad y negrura de betún, alumbra una fuerza misteriosa. El monstruo de Amstetten fue prendido por la policía porque infringió el designio de implacable maldad que durante un cuarto de siglo había cumplido a rajatabla. Una de las hijas engendradas en el seno de su propia hija enfermó; y el monstruo de Amstetten la llevó al hospital, incluso permitió que su madre abandonara el encierro forzoso de veinticinco años para prestarle asistencia. El monstruo de Amstetten sabía que esa debilidad le perjudicaría muy gravemente; pero, violentando el raciocinio, la pura conveniencia, dejó que su corazón se ablandase. ¿Qué fuerza lo impulsó a hacerlo? Tuvo que ser, sin duda, una fuerza invencible para lograr que, siquiera por un instante, el monstruo de Amstetten presintiese una grandeza sagrada en las personas a las que durante veinticinco años había animalizado. Y esa fuerza misteriosa es la que sigue salvando nuestro mundo despersonalizado.

22 thoughts on “Artículo de Juan Manuel de Prada en el Semanal XL”

  1. Sí, Dr love, podía ser el texto que uno quisiera, siempre que fuera de opinión, claro. Reyvindiko ha puesto este porque hay algunos muy torpes que no son capaces de encontrar ninguno.
    ^^

  2. Yo tenía pensado coger uno de la manipulación histórica del 2 de mayo y la exaltación de patriotismo en algunas épocas de nuestra historia, de Pérez Reverte, pero como no lo encuentro por ningún sitio, me quedo con este, que da más de qué hablar.

  3. Pues, aparte de aburriros con mi monólogo, no para mucho más, aunque nanodécima a nanodécima… o como diría Fresita: “grano no hace granero, pero ayuda a su compañero”.

  4. Otro que se permite el lujo de dar consejos…A ver, exactamente, ¿dónde está esa supuesta falta de respeto a “mi” Dios? y otra cosa, en el hipotético caso de que la hubiera ¿qué propones Fresita? ¿un llamamiento a la Guerra Santa?

  5. Para dirigirte a mí, tienes que cumplir un par de reglas.
    – No utilizar el nombre de Fresita en vano.
    – Si quieres utilizar el nombre de Fresita, deberá ir antepuesto de “el gran sabio”.

    Solo como nota informativa, la última persona que utilizó mi nombre en un escrito sin mi consentimiento y siendo consciente de las reglas, ahora está criando malvaviscos.

  6. Todas tus preguntas tienen una respuesta común pequeño rodeamontes: mi equipo y yo vamos a ganar la final del trivial, y nada ni nadie lo impedirá, ni siquiera un robot de 3 metros que lance rayos de amistad por los ojos.

    Espero haber sido claro y contundente.

  7. ?????

    Primero: me da igual si ganas o no el concurso de trivial, no tengo interés en él. Ni participo en él ni estaré en el colegio, además, ya lo gané un año.

    Segundo: no veo ninguna respuesta a mis pregutas…

    Tercero: eso de “rodeamontes” ni lo comento.

  8. Si si, pero acabo de aprender a abrir los puertos de mi router, y ahora entiendo eso que explicaba Reyvindico sobre el placer de entender el significado de los versos de Góngora.

  9. ¡Uff, cuánto sabio por aquí!

    Fresita, ¿en serio pretendes asustar a alguien? pero si con ese nombre, más que utilizarlo en vano, dan ganas de darle un mordisquito.

    Gongorita, un collar de espinas de cactus, te quedaría mejor.

  10. Quita, quita, quita…con lo que aprecio yo mi vida, ¿qué quieres, envenenarme?. Mira, me gusta la noche pero no tanto, si tuviera que morder a alguien, desde luego, no sería a tí.

  11. ¡Qué travesti ni qué ocho cuartos! Un buen cuello suave y rosado, como el de la concursante ucraniana. A esa no me importaría a mí hincarle el diente.

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