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Lecturas de literatura universal 2011-2012

Este año ha habido un par de cambios con respecto al año pasado: se va Salinger y su Guardián entre el centeno y en su lugar nos llega otra estadounidenses, Patricia Highsmith con El talento de Mr. Ripley, que por morir recientemente mantiene sus derechos de autor vigentes y no puedo enlazar aquí.

Estos son los siete autores con sus correspondientes obras:

1. G. Boccaccio, Decamerón (con especial atención a la jornada VII)

2. W. Shakespeare, Romeo y Julieta

3. J. W. Goethe, Werther

4. F. Dostoievski, El jugador

5. Baudelaire, Las flores del mal (con especial atención a la parte titulada “Cuadros parisienses”)

6. F. Kafka, La metamorfosis

7. Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley

No desesperéis, que hay un año para leer.

Reencuentro con una vieja amiga

La elección de las lecturas para los alumnos de tercero y cuarto de secundaria es un tema que siempre me trae de cabeza (ese, y los cambios de sitio). Hace ya algún tiempo, topé con nuestro querido Carlos Ruiz Zafón, y la experiencia, en general, es bastante gratificante; casi todos los años de dos a cinco alumnos se enganchan a la lectura después de leer El príncipe de la niebla o Marina. El problema a esto es que no puedo mandar únicamente libros de este autor, ya que haría un efecto rebote, y al final acabarían hartos de leer siempre lo mismo (y hay que reconocer que Carlos se repite bastante en todos y cada uno de sus libros).

Pues bien, este año, me he vuelto a devanar los sesos y al final he recurrido a mi memoria: ¿qué me gustaba leer con quince años? Agatha Christie. Así que ni corta ni perezosa he mandado en tercero de ESO el Asesinato en el Orient Express, pero claro, yo también me lo estoy leyendo, porque no recuerdo nada y el volver a encontrarme con mi vieja amiga me ha dado una gran alegría. Aunque los esquemas se repiten más o menos en sus libros (hay un asesinato, un montón de sospechosos con coartadas, todos ellos con motivos para cometer el crimen, el investigador supermegalisto…) el desenlace siempre me sorprendía. La viveza de las descripciones, la agilidad de los diálogos y el entramado de personajes tan variopintos son también características comunes en estas novelas.

Os recomiendo a todos que alguna vez cojáis uno de estos libros; a los más vagos les diré que no son largos, ni pesados de leer, y que además te mantienen con la intriga hasta el final. También  os digo que merece la pena verse las caras alguna vez con Mr Poirot o la Srta Marple, dos mentes privilegiadas de manera natural para desentramar un asesinato, por complejo que sea. 

La verdad es que pensaba poner un listado con algunos de sus novelas más populares, pero sería larguísimo, así que si alguien está interesado que ponga su nombre en google y sin mucho esfuerzo hallará sin duda un montón de títulos.

Nos vemos, un abrazo a todos. 

Google se acuerda de Cervantes

 

   Los de Montain View tenían apuntado en su calendario que hoy era un día importante, que hoy, posiblemente, se cumplan 451 años del nacimiento de alguien que revolucionaría el mundo de las letras, al padre de la novela moderna, al Manco de Lepanto, Don Miguel de Cervantes Saavedra.

   Siempre que leo a Cervantes envidio su serena prosa castellana, resuena en mis oídos como si leyese para mí. Serena y humilde, que él mismo la califica de “seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de conceptos, y falta de toda erudición y doctrina

   Aquí os dejo un fragmento de su siempre genial prólogo, que no todo iban a ser gigantes y molinos:
Desocupado lector: sin juramento, me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir la orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al inundo que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas, y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, corno otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, pues ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor de ella, como el Rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto al Rey mato.
Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respeto y obligación, y así puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor a que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della. Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribirla, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa; y no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte, que ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.
-Porque ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo, cuando vea que al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de conceptos, y falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes, y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino que son unos Santos Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en  un renglón han pintado un enamorado distraído, y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oírle o leerle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del abecé, comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y en Zoilo o Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro. También ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas celebérrimos; aunque si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yo sé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos que tienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío -proseguí-, yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos en la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan, porque yo me hallo incapaz de remediarlas por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo mesé decir sin ellos. De aquí nace la suspensión y elevamiento en que me hallastes; bastante causa para ponerme en ella la que de mí habéis oído.

   Y pensar que a él lo que más le gustaba era la poesía.

   Por cierto, ¿qué quiere decir el refrán que aparece en este fragmento?

Jesús Cotta publica otro libro

Aquí os dejo la reseña y el mensaje de Jesús Cotta, mi hermano y escritor:


Queridos amigos:
Os doy la lata para anunciaros que Mono Azul Editora ha publicado Teresa, mon amour
, con selección de textos y prólogo míos. La obra se compone de dos partes: confidencias suyas y fragmentos por orden temático (amor, alegría,desamparo, salud…). La mujer que habla en ese libro es una mujer universal. No es ni la mojigata ni la sexualmente reprimida que quieren vendernos. Es un torrente de delicadeza, que habla directamente al corazón.
Aquí está Teresa como un allegro vivace para los amantes de la música.

Jabo H. Pizarroso MONO AZUL EDITORA

jabo@monoazuleditora.com

www.monoazuleditora.blogspot.com

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Dibuja tu mirada con los libros de mono azul

Hasekura Tsunenaga 55, 41100, CORIA DEL RIO, SEVILLA 954773633

Artículo de Juan Manuel de Prada en el Semanal XL

   Si alguno de mis estimados alumnos no ha encontrado el 5º elemento que le sirva para terminar el trabajo de Literatura Universal, aquí le dejo este artículo del que ahora abre con su frase nuestra página:

El monstruo de Amstetten

EL mito de la Gorgona, que petrificaba de horror a quienes osaban mirarla, se renueva en la historia del monstruo de Amstetten. Con una mezcla petrificante de estupor y espanto asistimos al paulatino esclarecimiento de las circunstancias del caso, cada cual más aberrante y oprobiosa; y lo hacemos con esa inconfesada fascinación hipnótica que produce la contemplación del Mal en estado químicamente puro. Hay, sin embargo, en nuestra actitud un ingrediente de hipocresía, porque intuimos que en los rasgos de ese Josef Fritzl contemplamos nuestro propio rostro, como la Gorgona contempló el suyo en aquel escudo que Atenea prestó a Perseo, tan pulido que actuaba como un espejo; y, para espantar esa sospecha, nos preguntamos, escandalizados, cómo puede ser posible tanta abominación y maldad. Pero sabemos bien que tanta abominación y maldad son perfectamente posibles; sabemos bien que Fritlz es uno de los nuestros, tal vez nosotros mismos. Puede que el espejo que nos devuelve nuestro propio rostro transformado en el rostro del monstruo de Amstetten no sea exactamente el escudo que Atenea prestó a Perseo, sino más bien un espejo deformante como los que sobresaltan al viandante en el callejón del Gato; pero en el reflejo que ese espejo deformante nos devuelve descubrimos rasgos familiares. Y es la contemplación de nuestra propia abominación y maldad lo que nos petrifica de horror.
Oh, sí, de acuerdo, nosotros no padecemos los trastornos psicopáticos del monstruo, nosotros no somos esas bestias saturnales capaces de transgredir el último tabú y de enterrar en vida a su propia estirpe. Pero el fango en el que chapoteamos es el mismo. Y ese fango se llama despersonalización, fruto del humanismo sin Dios que corrompe nuestra época. Hemos dejado de mirar al prójimo como algo sublime y misterioso que estimula en nosotros un respeto de naturaleza sagrada; ahora el prójimo es contemplado de forma utilitaria, como un ser que sólo consideramos en la medida en que puede servir a nuestro provecho, a nuestro interés, a nuestras apetencias. Nunca como en nuestra época se había execrado tanto la violencia: se lanzan proclamas pacifistas, se consagra el consenso como vía de entendimiento entre las naciones, se hacen llamamientos constantes a la solidaridad. Pero, a la vez que execramos pomposamente la violencia, vemos como la violencia ejercida contra el prójimo es cada vez mayor: infancia pisoteada por los más sórdidos instintos, mujeres sometidas a las más crueles sevicias, niños a quienes asesinamos en el vientre de su madre, allá donde la naturaleza quiso que estuvieran más protegidos. Hemos dejado de contemplar el rostro de Dios copiado en cada rostro humano; y, como nos enseña el salmista, si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. Cuando en el prójimo dejamos de descubrir una grandeza sagrada que lo torna valioso e insustituible, es natural que desaparezca en nosotros el anhelo de participar en esa grandeza; y entonces lo convertimos en un cuerpo extraño que se usa y se tira. En ese fango chapoteamos todos plácidamente; y nuestra placidez sólo se perturba cuando alguien como el monstruo de Amstetten nos salpica, por chapotear con demasiado ímpetu.
Pero, allá incluso donde el fango se espesa más, hasta adquirir densidad y negrura de betún, alumbra una fuerza misteriosa. El monstruo de Amstetten fue prendido por la policía porque infringió el designio de implacable maldad que durante un cuarto de siglo había cumplido a rajatabla. Una de las hijas engendradas en el seno de su propia hija enfermó; y el monstruo de Amstetten la llevó al hospital, incluso permitió que su madre abandonara el encierro forzoso de veinticinco años para prestarle asistencia. El monstruo de Amstetten sabía que esa debilidad le perjudicaría muy gravemente; pero, violentando el raciocinio, la pura conveniencia, dejó que su corazón se ablandase. ¿Qué fuerza lo impulsó a hacerlo? Tuvo que ser, sin duda, una fuerza invencible para lograr que, siquiera por un instante, el monstruo de Amstetten presintiese una grandeza sagrada en las personas a las que durante veinticinco años había animalizado. Y esa fuerza misteriosa es la que sigue salvando nuestro mundo despersonalizado.

Sonetos II

Hoy, como nos acecha a algunos una pizca más de pesimismo, del “eterno retorno” de Nietsche y otra pizca del escepticismo quevediano, os dejo por aquí algunas otras perlas negras de la poesía española que, aunque amargas, son hermosas:

-Como ya comenté alguna vez, para mí, el poema comienza con el mejor verso jamás escrito por mano o lengua humana (pues se escribe con la lengua):
(Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió)

«¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

-Tampoco le anda a la zaga el comienzo de este otro cacofónico soneto quevedesco:
PRONUNCIA CON SUS NOMBRES LOS TRASTOS Y MISERIAS DE LA VIDA

La vida empieza en lágrimas y caca,
Luego viene la mu, con mama y coco,
Síguense las viruelas, baba y moco,
Y luego llega el trompo y la matraca.

En creciendo, la amiga y la sonsaca,
Con ella embiste el apetito loco,
En subiendo a mancebo, todo es poco,
Y después la intención peca en bellaca.

Llega a ser hombre, y todo lo trabuca,
Soltero sigue toda Perendeca,
Casado se convierte en mala cuca.

Viejo encanece, arrúgase y se seca,
Llega la muerte, todo lo bazuca,
Y lo que deja paga, y lo que peca.

– Y para terminar esta alegre selección del cruel cojo del barroco, la apoteosis final en la que dejo una pregunta relacionada: ¿Cómo termina, qué significa, a qué se refiere y dónde podemos encontrar el famoso adagio latino:”Omnes lacent …”?

“!Fue sueño ayer; mañana será tierra!

!Poco antes, nada; poco después, humo!

!Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento.”

Poesía


Si bien ayer dejé traslucir algo de mi pesimismo existencial (del que también ando bien provisto), hoy, como compensación os dejo tres sonetos de esos que se guardan como un tesoro a medias en el corazón y a medias en la memoria:

El primero, de Manuel Machado, tiene ese melancólico esplendor del modernismo, no exento tampoco de un existencialismo vital que lleva al poeta al nihilismo:

      OCASO

Era un suspiro lánguido y sonoro 
la voz del mar aquella tarde… El día, 
no queriendo morir, con garras de oro 
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente, 
y el sol, al fin, como en soberbio lecho, 
hundió en las olas la dorada frente, 
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido, 
para mi triste alma lacerada, 
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada… 
¡el mar amado, el mar apetecido, 
el mar, el mar y no pensar en nada!…

El segundo, del renacentista Francisco de Aldana, expresa como ningún otro, la fusión amorosa:

«¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando 
en la lucha de amor juntos trabados 
con lenguas, brazos, pies y encadenados  
cual vid que entre el jazmín se va enredando
 

»y que el vital aliento ambos tomando 
en nuestros labios, de chupar cansados, 
en medio a tanto bien somos forzados 
llorar y suspirar de cuando en cuando?»

«Amor, mi Filis bella, que allá dentro 
nuestras almas juntó, quiere en su fragua 
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

»que no pudiendo, como esponja el agua, 
pasar del alma al dulce amado centro, 
llora el velo mortal su avara suerte».

Y el último de hoy, también habla de amor, pero amor a Dios. Este no tiene un claro autor conocido. ¡Ay, quién pudiera amar así!:

No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.