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La nueva evolución

Sabéis que siempre os hablo de mi pasado científico. La razón siempre se siente atraída por el saber. El corazón por las letras. Y siguiendo el silogismo, sabéis también que gente con corazón sólo se encuentra en humanidades. 😉

Razonablemente, siempre me atrajo  la teoría de la evolución. Cuando la escuché por primera vez me puse a imaginar, como muchos, la raza humana futura, con cerebros cada vez mayores y cuerpos cada vez más inútiles. Algunos iban más lejos y veían ese cerebro conectado a un dedo bien gordo que sólo serviría para pulsar un botón. Más tarde, pasada la furia fantasiosa y recapacitando en las leyes de la teoría evolutiva, me percaté de que el hombre no evolucionaría más, pues la teoría postula que las mutaciones genéticas que se producen en todos los seres sólo se transmiten si esa mutación te proporciona una ventaja evolutiva que te haga sobrevivir ante los cambios que se producen en tu ecosistema y, así, reproducirte, transmitir tu mutación genética y hacer que la raza evolucione.

Pero en el caso del ser humano cambian las cosas, pues controla el ecosistema, lo adapta a sus necesidades al contrario que todos los demás animales. Además, sus conocimientos médicos han hecho que especímenes inviables en la prehistoria, vivan con normalidad en nuestros tiempos; hablo de diabéticos, hemofílicos y demás enfermedades que pueden transmitirse genéticamente. A los ojos de los espartanos, los neonazis o los que esperan con Nietzsche la llegada del superhombre, nuestra raza, nuestra especie se debilita, se carga de rémoras que infectan nuestro ADN puro con lacras que harán del ser humano un bicho débil y repulsivo. Y, debo decir, que me encantaba que los avances médicos les lleven la contraria. Hasta hoy.

Aquí viene el dato que me ha hecho escribir y hablar de la evolución: el hombre sí está evolucionando. Para alegría de los que desean el advenimiento de la superraza, fuerte, pura, inmaculada, me comentan diversos profesores de educación especial que cada vez tienen menos alumnos, que, promoción tras promoción, sus clases son más exiguas. ¿Y a qué se debe esto? Pues a otro tema que me interesa sobremanera y que nos venden como otra conquista social y científica. Pues claro, sí, sí, al aborto.

Cada vez hay menos casos de síndrome de Down y, con ellos, menos casos de enfermedades fácilmente detectables durante el embarazo. Ya me han contado más de una vez situaciones en la que el ginecólogo prácticamente obliga a la madre a someterse a la prueba de la amniocentesis -que en algunos casos puede inducir ya un aborto- si tiene sospechas de que el niño tenga el temido síndrome y, si ésta no cede , la hace firmar un papel que lo exima de responsabilidades si el niño viene “mal”.

Es así que cada vez se ven menos a estos niños que a mí siempre me parecieron más felices que nosotros y que, curiosamente, quién sabe, podrían abrir líneas de investigación contra el cáncer, pues raramente lo padecen.

Me da miedo pensar que cuando la medicina, en su imparable avance, nos sepa decir (como en Gattaca) qué enfermedades podrán padecer nuestros embriones, deje de haber, no ya síndromes de Down, sino también hemofílicos, diabéticos, … Y cuando la sociedad esté lo suficientemente anestesiada y moralmente muerta desaparezcan también hasta las miradas miopes, los calvos o los bajitos y vivamos rodeados, en cambio de altos, fuertes, inteligentes y sin mácula(¿rubios de ojos azules?) , en el mundo feliz de Huxley y, contrariamente a lo que pensaba Quevedo no hallemos cosa en que poner los ojos que sea recuerdo de la muerte.

Probablemente Dios no existe. Disfruta la vida

Evidentemente hay libertad de expresión en este país. Y como yo también la tengo, pues contesto a la asociación atea desde mi humilde rincón.
Primero, ese probablemente no es, en español, un 50% de posibilidades, es, más bien, un “lo más seguro”.
Segundo, ¿de dónde se concluye que si Dios existe no se puede ser feliz? ¿Qué consuela pensar que nos vamos a morir, sobre todo si eres un desgraciado? Y si uno es un desgraciado, quiere ser feliz y Dios no existe, ¿no es el camino más rápido hacer lo que uno pueda para arrancarle a la vida el placer que uno pueda sin importar ya norma moral alguna? Pues si Dios ya no me da normas morales, no se las voy a aguantar a nadie.
¿Qué les parecería a los ateos que yo colgase un cartelito en mi coche (no tengo dinero para los autobuses) diciendo: “No seas ateo. No seas tonto”? (nótese el fino y delicado silogismo en el que hago llegar al lector a la conclusión de que los ateos son tontos).
Fuera de bromas, si alguien quiere profundizar un poco, que se lea esta larga entrada

Reflexiones sobre Matrix I

   Esta película me fascinó la primera vez y me sigue fascinando. Tiene una mezcla de estilos y una serie de guiños que se amalgaman en maravillosa heterogeneidad: del western, el duelo entre Smith y Neo en la estación del metro; de los cuentos para niños, el beso resurrector de Trinity a Neo; de las películas de chinos y de maestro-discípulo, el entrenamiento y la enseñanza a la que es sometido el protagonista por Morfeo, que le suelta frases tan gloriosas como esa de “No es lo mismo conocer el camino, que andar el camino” (a mis alumnos les suelto de vez en cuando, que el que quiere aprobar y no se pone a estudiar conoce cómo llegar pero no mueve sus pies). Todo esta mescolanza viene perfectamente aderezada por una fabulosa banda sonora, por unos efectos especiales que quitaban el hipo y de una estética de negro y brillante cuero que ha sido muy imitada.

   Pero quizá lo que más me cautivó fue lo intrigante de su argumento: la vida que vivimos es falsa, nuestros cerebros están siendo engañados.

   La idea no es del todo original. Ya en la película Desafío total vemos a un Shwartzenager (o como se escriba) guiado por un amigo por teléfono para poder huir de sus enemigos, que además porta en su cabeza un transmisor con el que pueden rastrearlo y que tiene que extraer de una manera un tanto desagradable. Por si fuera poco, en un momento de la película, aparece un señor que le ofrece al protagonista una pastilla roja para que salga de un sueño inducido por una máquina y vuelva a la realidad. Pero Matrix va más lejos.

   Fue Platón el primero que nos advirtió de que el mundo en el que vivimos es un burdo remedo, una pobre copia del mundo perfecto de las ideas, de las que sólo vemos sombras proyectadas en la pared de la caverna.

   Calderón de la Barca fue un poco más lejos con su La vida es sueño, y preludia bastante la idea fundamental de la película: el mundo que vivimos es una ensoñación. Aparte le añade uno de los problemas que trajo de cabeza a teólogos de todos los tiempos: si Dios todo lo sabe, ¿cómo es posible que tengamos libertad si todo está ya escrito? ¿Es compatible la libertad con el destino? Aun conociendo el futuro, ¿podremos escapar de él?

   Neo se irá preguntando todas estas cuestiones, pues en su vida había algo que no funcionaba, sentía que estaba llamado a cosas mayores y, finalmente, la fe lo conduce. La fe.

   Para mañana, Dios mediante, las referencias religiosas.

El espíritu de la Navidad

   Es curioso observar cómo va haciéndose más laica una de las fiestas más religiosas.

   De un tiempo a esta parte van desapareciendo todos los signos que recuerden que la Noche Buena se celebra el nacimiento del hijo de Dios. Sólo se habla del espíritu de la Navidad, algo que no es ni persona ni cosa ni Dios, un ente que impregna el aire por estas fechas y nos hace comprar y comer compulsivamente.

   Llenamos los balcones de señores vestidos de rojo, inventos de la Coca Cola. Cuelgan regalos dorados de los escaparates de las tiendas. Ponemos nieve por todos lados, intentando dejar de ser la Costa del Sol. Nos felicitamos al ver las luces del parque y las del Corte Inglés. Buscamos por internet alguna felicitación graciosa con duendes y renos.

   En las canciones de los anuncios del Almendro se decía: “Hoy es Nochebuena y mañana Dios dirá”. Incluso las muñecas de Famosa adoraban al niño Jesús.

   Pero estamos en el tiempo del hombre al que le repele todo lo que huela a divinidad, religión, iglesia. Ya nadie sabe  por qué cuelga una estrella en un árbol de plástico, ni lo que es el Adviento, o llama a su hija Natividad, o, simplemente, se acuerda de Jesús el día de su cumpleaños.

   A los que pongan el Belén este año les pido que aprovechen para pedirle un buen regalo al que duerme en el pesebre.

El presidente de Uruguay veta el aborto

 

Y da un discurso del que me permito subrayar algunas frases:

 

 

TEXTO DEL VETO DEL PRESIDENTE DE URUGUAY, TABARÉ VÁZQUEZ, A LA LEY DE DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO

Montevideo, 14 de noviembre de 2008

Señor Presidente de la Asamblea General:

El Poder Ejecutivo se dirige a ese Cuerpo en ejercicio de las facultades que le confiere el artículo 137 y siguientes de la Constitución de la República a los efectos de observar los Capítulos II, III y IV, artículos 7 a 20, del proyecto de ley por el que se establecen normas relacionadas con la salud sexual y reproductiva sancionado por el Poder Legislativo.

Se observan en forma total por razones de constitucionalidad y conveniencia las citadas disposiciones por los fundamentos que se exponen a continuación.

Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España.

La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro- el ADN se ha transformado en la “prueba reina” para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo.

El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia.

Esta ley afecta el orden constitucional (artículos 7º, 8º, 36º, 40º, 41º, 42º, 44º, 72º y 332º) y compromisos asumidos por nuestro país en tratados internacionales, entre otros el Pacto de San José de Costa Rica, aprobado por la Ley Nº 15.737 del 8 de marzo de 1985 y la Convención Sobre los Derechos del Niño aprobada por la Ley Nº 16.137 del 28 de setiembre de 1990.

En efecto, disposiciones como el artículo 42 de nuestra Carta, que obliga expresamente a proteger a la maternidad, y el Pacto de San José de Costa Rica -convertido además en ley interna como manera de reafirmar su adhesión a la protección y vigencia de los derechos humanos- contiene disposiciones expresas, como su artículo 2º y su artículo 4º, que obligan a nuestro país a proteger la vida del ser humano desde su concepción. Además, le otorgan el estatus de persona.

Si bien una ley puede ser derogada por otra ley, no sucede lo mismo con los tratados internacionales, que no pueden ser derogados por una ley interna posterior. Si Uruguay quiere seguir una línea jurídico-política diferente a la que establece la Convención Americana de Derechos Humanos, debería denunciar la mencionada Convención (Art. 78 de la referida Convención).

Por otra parte, al regular la objeción de conciencia de manera deficiente, el proyecto aprobado genera una fuente de discriminación injusta hacia aquellos médicos que entienden que su conciencia les impide realizar abortos, y tampoco permite ejercer la libertad de conciencia de quien cambia de opinión y decide no realizarlos más.

Nuestra Constitución sólo reconoce desigualdades ante la ley cuando se fundan en los talentos y virtudes de las personas. Aquí, además, no se respeta la libertad de pensamiento de un ámbito por demás profundo e íntimo.

Este texto también afecta la libertad de empresa y de asociación, cuando impone a instituciones médicas con estatutos aprobados según nuestra legislación, y que vienen funcionando desde hace más de cien años en algún caso, a realizar abortos, contrariando expresamente sus principios fundacionales.

El proyecto, además, califica erróneamente y de manera forzada, contra el sentido común, el aborto como acto médico, desconociendo declaraciones internacionales como las de Helsinki y Tokyo, que han sido asumidas en el ámbito del Mercosur, que vienen siendo objeto de internalización expresa en nuestro país desde 1996 y que son reflejo de los principios de la medicina hipocrática que caracterizan al médico por actuar a favor de la vida y de la integridad física.

De acuerdo a la idiosincrasia de nuestro pueblo, es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos.

Es menester atacar las verdaderas causas del aborto en nuestro país y que surgen de nuestra realidad socio-económica. Existe un gran número de mujeres, particularmente de los sectores más carenciados, que soportan la carga del hogar solas. Para ello, hay que rodear a la mujer desamparada de la indispensable protección solidaria, en vez de facilitarle el aborto.

El Poder Ejecutivo saluda a ese Cuerpo con su mayor consideración,

Dr. Tabaré Vázquez

Presidente de la República

 

No todo el mundo se deja llevar por la corriente

Da más de lo que recibe

   Esta mañana me comentaban que la BBC hacía un comunicado señalando la necesidad de no ofender a los musulmanes. Se justificaban diciendo que no están lo suficientemente integrados en la sociedad y que las críticas a su religión impiden esa integración. Supongo que como los cristianos están ya muy integrados pues se les puede insultar alegremente. A esta emisora eminetemente anticatólica le huelen los bajos del pantalón, razón por la cual se quieren llevar bien con el islam.

   Esto es tan sólo un ejemplo. Desde muchos medios de comunicación se juega a insultar a la iglesia, a intentar demostrar lo malísimos que son los curas y señalar la necesidad de que la Iglesia desaparezca. De este odio surgen muchos de los tópicos que han aflorado en los comentarios.

   Vayamos por partes. Un tópico se define como una idea repetida, poco o nulamente argumentada, que se utiliza para sentar cátedra y buscar el común acuerdo. Por lo tanto:

   Primero, las riquezas inconmesurables de la iglesia. El patrimonio más importante de la iglesia no es el petróleo, las finanzas, la automoción o los preservativos -como me ha llegado a decir alguno. El tesoro más valioso de la iglesia es el arte. Cuando Miguel Ángel pintó la capilla sixtina, sus pinturas no valían lo que valdrían hoy. La mayoría de las obras de arte de entonces no movían el dinero que hoy podrían mover. Pero lo más importante aquí es pensar lo siguiente: ¿de quiénes son esas obras, pinturas, esculturas, catedrales y santuarios? ¿De la iglesia?. No. No es sólo de ella, pertenece a todas las generaciones que pusieron su dinero, su ingenio o su trabajo. Quiero decir que la catedral de Málaga no es de la iglesia, como si ella fuese su dueña absoluta y pudiese dedicarse a vender las piedras que la conforman. La catedral es de todos los malagueños y no está hecha para tenerla cerrada. Las iglesias son para lo que son, para que los cristianos se reúnan en ellas y por esa razón las cuidan y las hacen hermosas, porque se reúnen allí con su Dios. Además, las iglesias están abiertas a todo el mundo y se pueden ver en ellas obras mucho más valiosas que las que puedes ver en un museo de los que cobran entrada. Otra cosa son los tronos. Muchos no son ni de la iglesia, sino de la cofradía y sus cofrades, que hacen con su dinero lo que quieren. Me hace mucha gracia ver cómo un futbolista, una cantante, se compra un coche que vale más que mi casa o le pone un filete a su perro en un restaurante donde el cubierto cuesta lo que yo gano al mes y lo hacen tan panchamente, sin aguantar las críticas de nadie. Ahora llegan mil cofrades, le compran un manto bordado en oro a su virgen y la gente pone el grito en el cielo. Pero vamos a ver, no me seáis como Judas, ¿cuántos de los que critican porque todo eso no se vende y se da a los pobres, dan algo a los pobres? Se ve que muchos estarían satisfechos con que las campanas de la catedral de Santiago sirvieran de excusado a cualquier jeque árabe, o que el Moisés de Miguel Ángel sirviese de perchero a Bill Gates, pero yo prefiero que sigan siendo de todo el mundo.

   Segundo. La iglesia es la institución que más hace por los necesitados, desgraciados y abandonados. Si juntásemos todas las ONGs de España no podrían hacer frente a las tareas que sostiene la Iglesia. Además, me parece mucho más humano preocuparse por un anciano o un enfermo que hacerlo por una foca, pero hay muchos más dispuestos a hacerse voluntarios de Greenpeace que de Cáritas.

   Tercero. La iglesia es una cosa y los cristianos otra. Yo soy cristiano y si alguien me da un bofetón, lo más probable no es que le ponga la otra mejilla; pero si además quiere borrarme del mapa, me defenderé. ¿Me podría decir alguien qué guerra ha sido propiciada por la Iglesia y que haya supuesto esa sangría de vidas que hacen sombra a Hitler o Stalin?. España se tuvo que defender de la invasión musulmana, si no lo hubiese hecho hubiera supuesto su desaparición. Si no hubiésemos vencido en Lepanto ya veríais lo que estaríamos escribiendo aquí, por lo pronto las chicas no se dedicarían a esto.

   Cuarto. La libertad para cuando uno la tiene. Que a uno lo bauticen no traumatiza ni deja señales visibles. La fe se nos ofrece de pequeños. Es de adultos cuando decidiremos si la aceptamos o no. Muchos de los que se bautizan no se confirman.

   Quinto. Si algo caracteriza a la iglesia no es la hipocresía. Contra viento y marea siempre ha defendido lo mismo. Y tiene dos mil años de historia. Hipócrita es el que se disfraza de marinero o de blanca Blancanieves, se hace un reportaje de fotos, se gasta una pasta y después se dedica a meterse con el que comulga el Domingo.

   Si algo se me queda en el tintero, aquí estoy. Yo también soy iglesia y si algo no me gusta, lo intentaré cambiar desde dentro.

Algunas cuestiones religiosas

   Me preguntan por ahí que por qué parece que hoy ser católico está mal visto y que por qué es más propio de mujeres:

   Suele ocurrir que ante una pregunta corta necesitamos de una larga respuesta.

    Para la primera te puedo decir que en un principio todo estaba gobernado por la religión, toda la vida del hombre tenía un orden religioso y todas la explicaciones de que la vida necesitaba las tenía la iglesia. Y eso era así hasta que la ciencia empezó a ocupar su lugar. Los fenómenos atmosféricos, la agricultura, la genética, … todo podía responderlo la ciencia, es más podía demostrarlo con experimentos científicos y podía sacar partido de esos conocimientos. En principio no hubo enfrentamiento, pues en el seno de la propia iglesia nacieron universidades y científicos. Pero el hombre se ha vuelto orgulloso y soberbio y no necesita del concepto de dios para seguir investigando. La ciencia moderna es enemiga del misterio y de la fe, conceptos estos últimos fundamentales para la religión. Al fin, en este mundo hipertecnológico, se le ha dado al científico o al investigador la dignidad que antes tenía el obispo o el teólogo. Además la ciencia promete comodidades y placeres y a la gente le gusta creer más en eso. No es extraño, por tanto, que el religioso sea hoy un bicho raro, alguien considerado de otra época. En definitiva, mientras que el religioso piensa en que la felicidad vendrá en la otra vida y que en esta nos preparamos para ella, el hijo del siglo XXI piensa que la máxima felicidad hay que alcanzarla en esta vida que además, para él, es la única que hay.

    La persecución y el vilipendio que hoy se hace de la religión en todos los niveles (medios de comunicación, literatura, educación, política), sobre todo de la religión católica (porque si eres budista, hindú o musulmán todo es muy respetable y muy “guay”) hacen que el católico se esconda o se avergüence, máxime cuando sus convicciones o su fe no son muy fuertes y se ven conmovidas y dañadas por algo tan burdo como el código Davinci.

    Si vas a una misa de barrio una tarde de diario te vas a encontrar a veinte mujeres y, con suerte, un hombre y por acompañar a su mujer. Creo que se debe a que las convicciones del hombre son más débiles que las de la mujer, a que es más independiente y orgulloso y a que, además, tiene menos aguante para aguantar lo que he señalado más arriba. Más preocupante me parece el hecho de que de esas veintiuna personas de la iglesia, ninguna baja de los cincuenta y tantos años.

   Hay algunos que piensan que esto cambiará porque los que ahora están teniendo hijos son personas con convicciones religiosas y que, por tanto, las generaciones posteriores volverán a ser más religiosas.

   De cualquier modo hay más católicos de lo que nos quieren hacer ver y no seré yo el que me avergüence del nombre de Jesús.

El valor del sacrificio

  

 Hay que tener muchas tragaderas para asimilar el mundo. A mí me costó bastante llegar a entenderlo: ¿por qué había que sufrir para conseguir las cosas? ¿Por qué todo en esta vida está relacionado tarde o temprano con el sufrimiento?
   Todo esto me sublevaba, hacía que me rebelase. Repito, me costó mucho tiempo entenderlo, y la única respuesta satisfactoria me la dio la religión.
   Al principio, cuando empecé a plantearme la vida desde el prisma religioso, había algo que tampoco comprendía: ¿por qué Dios, infinitamente bueno, permitía que sufriéramos? ¿por qué todas las personas fuertes, con carácter, necesitan sufrir? Estas dos preguntas, aparentemente alejadas, tenían una explicación común. La naturaleza del hombre es una naturaleza herida, mero remedo del diseño original. Esa herida la produjo un personaje fundamental para mi comprensión del mundo: el diablo.
   Sé que algunos se reirán, pensarán que estoy majara, que me “como mucho el coco”, pero cuando arrecian los problemas necesito recurrir a mis creencias.
   Toda lo que estaba a disposición del hombre, todo lo que se conseguía mediante un sencillo acto de voluntad, se ha alejado. Ahora aprender cuesta, trabajar es trabajoso, conseguir tener un cuerpo sano es sacrificado, … construir es más difícil que destruir.
   Cuando todo lo anterior se nos hace patente es cuando necesitamos, necesito, explicarme y justificar el dolor, el sacrificio:

  • Desde el punto de vista humano, el sacrificio nos hace valorar más las cosas que se consiguen con él.
  • Desde el punto de vista religioso, nos acerca más a Dios, compartimos con Él la compasión y actúa como el fuego que acrisola los metales.

   No soy masoquista. Me cuesta admitir el dolor, pero no hay vida sin sacrificio. No hay vida sin dolor.
   Esta es una de las virtudes que más me conmueven y más admiro: cuando veo a alguien que, con dignidad y alegría, sobrelleva el dolor.

Sobre el aborto

 

 

Saturno devorando a sus hijos
Saturno devorando a sus hijos

 
   Para la iglesia, para el creyente, cuando el espermatozoide se funde con el óvulo hay código genético humano y con él el alma. Cualquier método para deshacer la unión entre ese espíritu y ese cuerpo -que para el que cree sólo puede realizar Dios- es un asesinato.

   Pero el espíritu es cuestión de fe y, para el que niega su existencia, eso no es un asesinato, porque cifra la cualidad de ser humano en el pensamiento, la razón, los recuerdos, … Pero desde el punto de vista materialista eso no nos hace superiores. Que yo pueda pensar en una estrella pero ella no pueda pensar en mí no me hace, a los ojos del que sustenta que todo es materia, mejor que la estrella. Desde su punto de vista no puede haber moral.

   Bajando ya a la realidad más cruel o cruda, los hechos señalan que aunque algunos me tachen de extremo o exagerado, los datos son que la mayoría de los abortos que se realizan en España (más de 100.000 en el último año. Haced divisiones y veréis lo que os salen por día) no son ni por violación (se cuentan con una mano los que se han acogido a ese supuesto) ni por malformación del feto, es decir, que la inmensa mayoría se hacen porque suponen un peligro psicológico para la madre.

   ¿A quién queremos engañar? ¿Una mujer de treinta años, casada, con casa propia, sueldo generoso, formación psicomedicopedagógica está preparada para ser madre? No alcanzo a entender lo comprensiva que es la sociedad con su falta de preparación psicológica a pesar de la madurez sexual que demuestran. ¿Acaso debería haber abortado cualquier madre que no supiese cómo afrontar determinados problemas durante la educación y crianza de su hijo (que levante la mano quien no los haya tenido)?

   Y por último, ¿cuándo tiene derechos el feto? o ¿cuándo se le considera ser humano?, ¿cuando sepa resolver raíces cuadradas, sepa ir sólo al baño, pueda preguntarse de dónde venimos y a dónde vamos? ¿Los derechos los adquiere al salir de la madre? ¿Es que mientras esté en ella esos derechos no existen? ¿Cuando saca un pie, la cabeza, un brazo, entonces?

   En fin, con la teoría de que las madres que no tienen medios deberían abortar, la mayoría de los abortos deberían realizarse en el tercer mundo y no aquí, en el primero, donde se realiza la mayoría.

   A mí no me parecen más que excusas del egoísmo más atroz. Todo esto me recuerda invariablemente al cuadro de arriba.

Hand of hope

Copio y pego para los que me preguntaron esta mañana sobre la imagen:

Estas fotografías empezaron a circular en noviembre del 2002, y se creyó que serían las «fotos del año»… Una de ellas se publicó en la portada del NY Times como gran acontecimiento.

El texto del artículo resume… esta historia… que es… un bellísimo canto a la Vida…

 

La foto es de un bebé de 21 semanas, aún sin nacer, llamado Samuel Armas al que se le había diagnosticado una espina bífida y nunca sobreviviría, a menos que se le practicara una operación intrauterina.

El Dr. Bruner, tras numerosos estudios realizados en el Centro Médico Universitario de Vanderbilt, en Nashville, anunció que él podría llevar a cabo la operación, con el bebé dentro de la matríz materna.

 

Durante la intervención, el cirujano extrajo el útero mediante una cesárea y practicó una pequeña incisión a la bolsa, a través de la cual le fue posible operar al pequeño Samuel.
El Dr. Bruner estaba acabando exitosamente la operación, cuando 
Samuel sacó su pequeñísima pero bien desarrollada mano a través de la incisión practicada y se agarró del dedo del atónito médico.

Este pestigioso cirujano declaró haber vivido el momento más emotivo de toda su vida, cuandosintió la mano de Samuel asiéndole uno de sus dedos, a modo de agradecimiento por obsequiarle con el regalo de la vida.

Por supuesto, el Dr. Bruner permaneció helado, -totalmente inmóvil por varios segundos– durante los cuales Samuel seguía cogiéndole el dedo, lo cual dio el suficiente tiempo para que el personal del quirófano pudiera fotografiar el momento con toda claridad.

Los editores del NYTimes titularon la foto «Hand of Hope» (Mano de la esperanza)
Y aquí el vídeo que prohibieron en Youtube. Os advierto, como dicen por ahí, que puede herir sensibilidades: el vídeo