El espíritu de la Navidad

   Es curioso observar cómo va haciéndose más laica una de las fiestas más religiosas.

   De un tiempo a esta parte van desapareciendo todos los signos que recuerden que la Noche Buena se celebra el nacimiento del hijo de Dios. Sólo se habla del espíritu de la Navidad, algo que no es ni persona ni cosa ni Dios, un ente que impregna el aire por estas fechas y nos hace comprar y comer compulsivamente.

   Llenamos los balcones de señores vestidos de rojo, inventos de la Coca Cola. Cuelgan regalos dorados de los escaparates de las tiendas. Ponemos nieve por todos lados, intentando dejar de ser la Costa del Sol. Nos felicitamos al ver las luces del parque y las del Corte Inglés. Buscamos por internet alguna felicitación graciosa con duendes y renos.

   En las canciones de los anuncios del Almendro se decía: «Hoy es Nochebuena y mañana Dios dirá». Incluso las muñecas de Famosa adoraban al niño Jesús.

   Pero estamos en el tiempo del hombre al que le repele todo lo que huela a divinidad, religión, iglesia. Ya nadie sabe  por qué cuelga una estrella en un árbol de plástico, ni lo que es el Adviento, o llama a su hija Natividad, o, simplemente, se acuerda de Jesús el día de su cumpleaños.

   A los que pongan el Belén este año les pido que aprovechen para pedirle un buen regalo al que duerme en el pesebre.

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